Nuevo León ha sido testigo de muchas cosas, pero nunca de un mago de las finanzas tan audaz como Samuel García. El gobernador emecista ha decidido que la realidad es demasiado pequeña para su ambición y, en un desplante que oscila entre el delirio y la burla hacia la inteligencia de los ciudadanos, ha anunciado una cifra que haría palidecer a las potencias del G7: 2 trillones de pesos en inversión extranjera.
Sí, leyó usted bien. Con “T” de trillón, de tranza o de teatro. Mientras el estado se cae a pedazos en materia de seguridad y movilidad, el gobernador prefiere jugar a la calculadora mágica en sus eventos públicos, sumando ceros a una cuenta bancaria estatal que solo existe en su imaginación y en sus videos de TikTok.
La aritmética del engaño: Billones, trillones y otros cuentos
Para entender la magnitud del ridículo, hay que diseccionar el “error” (si es que se le puede llamar así a una mentira deliberada) de Samuel García. El gobernador afirma haber asegurado 120 billones de dólares (utilizando el concepto anglosajón de billions, que en México son mil millones). Según su lógica de conversión “fosfo-fosfo”, esto se traduce en 2 trillones de pesos.
El problema no es solo la confusión lingüística entre el sistema numérico estadounidense y el español. El problema de fondo es que esa montaña de dinero no existe en los registros oficiales. Mientras Samuel presume que “aterrizaron” 2 trillones en Nuevo León, la Secretaría de Economía federal —la única instancia con autoridad real para medir la Inversión Extranjera Directa (IED)— tiene otros datos, unos mucho más aterrizados y menos brillantes.
De acuerdo con los especialistas, la administración estatal ha captado apenas el 11% de lo que Samuel pregona con tanto orgullo. Es decir, por cada 10 pesos que el gobernador presume, solo uno ha entrado realmente al estado. Los otros 9 son humo, promesas de campaña o simples cartas de intención que el mandatario contabiliza como si ya estuvieran depositados en la Tesorería.
El DIF y la salud: Donde los trillones no llegan
Resulta insultante que Samuel García hable de trillones de pesos mientras el estado enfrenta crisis humanas que no se resuelven con anuncios de Instagram. Mientras el gobernador infla sus cifras, el DIF Nuevo León, bajo la gestión de Mariana Rodríguez, y la Secretaría de Salud callan ante la tragedia de los niños contaminados con plomo en los Cendis.
¿Dónde están esos trillones cuando se trata de supervisar las estancias infantiles? ¿Dónde está el dinero para frenar a las empresas que envenenan el aire y la sangre de los menores en Escobedo y Apodaca? Es evidente que para esta administración es más importante vender una cifra inflada que proteger la vida de 329 niños intoxicados. La “inversión” de Samuel parece tener alas para aterrizar en comunicados de prensa, pero no tiene pies para llegar a las zonas de sacrificio ambiental donde la niñez neoleonesa padece las omisiones de su gobierno.
La confusión de conceptos: ¿Inversión o ilusión?
Expertos en economía han señalado repetidamente que Samuel García confunde —o disfraza— los conceptos técnicos. Para la Secretaría de Economía federal, una inversión es capital que entra, genera activos y se registra formalmente. Para Samuel, cualquier empresa que menciona a Nuevo León en una junta de consejo ya es motivo para sacar el plumón y añadir tres ceros a su pizarra.
“¿Cuándo han escuchado la palabra trillón en México?”, preguntó el gobernador con una sonrisa de autosuficiencia. La respuesta es amarga: la escuchamos ahora, en boca de un gobernante que prefiere la grandilocuencia al rigor. En México, un trillón es un millón de billones. Lo que Samuel está diciendo es que Nuevo León recibió una cantidad de dinero que superaría la riqueza acumulada de varias naciones europeas juntas. Es, simplemente, una cifra ridícula que insulta el sentido común.

Samuel García: Un gobierno que vive del “clic” y no del dato
El peligro de un gobernador que se inventa sus propias estadísticas es que termina creyéndose sus propias mentiras. Samuel García vive en una burbuja donde el éxito se mide en visualizaciones y no en bienestar social. Mientras él “convierte” dólares a pesos con una ligereza que asusta, las familias de Nuevo León enfrentan la carestía, la falta de agua y el transporte público colapsado.
Si realmente hubieran llegado 2 trillones de pesos al estado:
- No habría niños con plomo en la sangre por falta de inspección ambiental.
- El Metro no sería un caos diario de fallas y retrasos.
- La seguridad no estaría en los niveles de alerta actuales.
Pero el dinero de Samuel es como el oro de los duendes: brilla mucho en el discurso, pero se deshace cuando intentas usarlo para pagar las deudas del estado o salvar la salud de los más vulnerables.
El costo de la megalomanía de Samuel García
Samuel García ha pasado de ser el “gobernador joven” a ser el “gobernador de los 18 ceros”. Su insistencia en inflar la IED es una cortina de humo diseñada para distraer de las múltiples crisis que atraviesa Nuevo León. No se puede gobernar un estado a base de hipérboles y anglicismos mal aplicados.
Es hora de que el gobernador deje de jugar con la calculadora y empiece a trabajar con la realidad. Los ciudadanos no necesitan trillones imaginarios; necesitan un gobierno que no les mienta, que proteja a sus hijos del veneno industrial y que deje de confundir la administración pública con un reality show de finanzas ficticias. Nuevo León merece datos, no delirios.
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