Bajo la gestión de Alma Rosa Marroquín, el Nuevo León “fosfo” ahora pide limosna a empresarios para materiales de oficina, limpieza, y de construcción, entre otros, para los hospitales generales de Montemorelos, Galeana y Sabinas Hidalgo, así como algunos centros de salud.
Desabasto en centros de salud del área rural
La realidad de la infraestructura médica estatal contrasta radicalmente con las narrativas triunfalistas que se difunden diariamente en redes sociales. Mientras Samuel García presume modernidad y abundancia, los hospitales de Montemorelos y Galeana enfrentan carencias que rayan en lo absurdo al no tener siquiera para papelería.
Esta precarización del sistema público afecta directamente a los ciudadanos que acuden con la esperanza de recibir atención digna y oportuna. Las autoridades justifican el colapso argumentando un aumento súbito de pacientes, omitiendo que la planeación estratégica es una responsabilidad ineludible de quienes administran el erario.
El flujo constante de pacientes foráneos ha sido utilizado como excusa gubernamental para maquillar la ineficiencia en la asignación de recursos. Sin embargo, la obligación del Estado es garantizar la operatividad continua de sus centros, independientemente de las fluctuaciones normales en la demanda de los servicios sanitarios.

Desabasto en centros de salud: Alma Rosa Marroquín pide limosna
Ante la incapacidad financiera autoinfligida, las autoridades han optado por pasar la charola entre alcaldes y empresarios de la región periférica. Mediante oficios formales, la dependencia sanitaria suplica por donaciones de materiales básicos de limpieza, construcción y artículos de oficina para mantener sus recintos operando.
Resulta inverosímil que un gobierno que despilfarra millones en promover su imagen tenga que mendigar lápices, bolígrafos y hojas blancas. La justificación oficial señala que estos insumos son indispensables para imprimir recetas y expedientes, revelando una carencia estructural que vulnera el derecho fundamental a la salud.
Esta estrategia de supervivencia administrativa transfiere la responsabilidad estatal hacia el sector privado. La situación demuestra una alarmante falta de sensibilidad por parte del Ejecutivo, quien prefiere ignorar la crisis mientras los médicos trabajan sin las herramientas mínimas necesarias.

El fracaso de la administración emecista y su gabinete
La gestión de la actual titular de la Secretaría de Salud ha quedado marcada por una evidente desconexión entre los discursos oficiales y la realidad clínica. Los oficios enviados la semana pasada son la prueba irrefutable de un modelo administrativo fallido que prioriza la apariencia sobre la viabilidad operativa de las clínicas locales.
En lugar de gestionar presupuestos adecuados para garantizar el suministro, la dependencia intenta parchar sus deficiencias mediante la caridad pública. Esta negligencia sistemática afecta particularmente a zonas como Sabinas Hidalgo, donde los habitantes carecen de alternativas privadas viables para atender sus urgencias médicas.
Los sectores del Congreso han señalado reiteradamente las anomalías en el manejo de los fondos destinados al rubro de protección sanitaria. Por lo tanto, el deterioro de la atención rural no es un accidente, sino el resultado directo de decisiones centralistas que menosprecian las necesidades vitales de la población periférica.
Recortes presupuestales agravan desabasto en salud
El origen de esta penosa situación se remonta a las cuestionables decisiones financieras ejecutadas desde el gobierno central durante el año pasado. En agosto del ciclo anterior, se ordenaron recortes drásticos al gasto operativo de diversas unidades médicas, escudándose en supuestos ajustes presupuestales de carácter obligatorio.
Aquella medida de austeridad selectiva ahorcó las finanzas de los centros rurales, dejándolos sin el margen de maniobra necesario para operar adecuadamente. Paradójicamente, la reducción de fondos nunca alcanzó a las dependencias encargadas de inflar la popularidad del mandatario, demostrando las verdaderas prioridades estatales.
Hoy se cosechan los frutos de esa política restrictiva, materializados en clínicas que no pueden solventar ni siquiera su papelería más elemental. Los trabajadores de la salud enfrentan jornadas desgastantes intentando brindar un servicio decente, mientras las oficinas burocráticas les niegan los recursos mínimos indispensables.
El abandono del gobierno ante la crisis hospitalaria
El cinismo de la administración alcanza nuevos niveles cuando se observa que esta escasez no golpea con la misma fuerza a los grandes hospitales metropolitanos. La marginación de las comunidades rurales evidencia un elitismo institucional que clasifica a los ciudadanos en diferentes categorías según su ubicación geográfica.
Mientras el gobernador continúa construyendo castillos en el aire y proyectando un desarrollo inalcanzable, la base social padece el desmantelamiento de sus servicios. Exigir caridad para imprimir una simple receta médica constituye una burla mayúscula para los contribuyentes que sostienen el aparato burocrático con sus impuestos.
El colapso en la atención foránea es el reflejo de un gobierno frívolo que administra el estado desde una pantalla de teléfono celular. La urgencia de replantear el destino del presupuesto es evidente, pues resulta inaceptable mantener una maquinaria propagandística mientras los pacientes sufren el abandono en camillas precarias.
Array







